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Una deuda difícil de pagar – Chachapoyas (Perú)

SENSACIÓN: Agradecimiento infinito a la familia Jimenez
Fecha: Mayo de 2009
 

 

     

 

El día que yo llegué a Chachapoyas, comenzó una descomunal huelga de la comunidad indígena como respuesta al gobierno peruano, por la decisión de conceder una licencia de explotación a una empresa americana para extraer oro de las minas situadas en tierras ocupadas por los chachapoyas. Esta licencia parece ser que suponía un deterioro en su hábitat por los residuos y deshechos minerales de la mina. La comunidad chachapoya argumentaba que tendría que abandonar las tierras que eran su medio de subsistencia por la contaminación ambiental originada, lo cual rechazaban de plano e iniciaron una contundente respuesta al gobierno cerrando los accesos por carretera y aislando la zona.

Lo que en un principio parecía un acto que duraría unas escasas horas, se convirtió en una auténtica guerra local con cientos de víctimas indígenas y al menos 9 policías muertos a ¡¡¡ lanzazos !!! según pude leer con posterioridad en un periódico. Una grave situación de riesgo que me pilló en medio y que supuso una de las experiencias de viaje que no olvidaré jamás. En ella pude conocer a la maravillosa familia Jiménez a la que agradezco de todo corazón que me sacaran del atolladero en un trepidante viaje de 19 horas por las montañas de los Andes a más de 3.000 m. de altitud, acompañando a Carlos, un estupendo conductor y a Doris su agradable madre. Y nada mejor que remitirme al diario de viaje que escribí en aquel momento para explicar fielmente lo que ocurrió.

 

El día de hoy sin duda, me va a quedar en el recuerdo para siempre. Un viaje a través de los Andes que ha durado 19 horas en coche, superando en muchas ocasiones los 3.000 metros y como acompañante de la familia Jiménez. Doris la madre, una señora hecha de una "pasta especial" se ha mostrado muy tranquila y ha sonreído durante todo el viaje, aunque en muchas ocasiones no había justificación para hacerlo, porque hemos atravesado situaciones un tanto difíciles. Carlos, su hijo, más que conducir lo que ha hecho ha sido ¡¡¡ pilotar !!! una furgoneta Toyota que no era 4x4, pero que se ha comportado como si lo fuera. He tenido la suerte de dar con una de esas pocas personas que al volante es capaz de volar por caminos intransitables dando a los acompañantes la confianza y seguridad necesaria para no saltar en marcha y ¡¡¡ abandonar la nave !!!. Su gran pasión por el automovilismo ha contribuido a que con una velocidad realmente de rally nos haya llevado durante tantas horas y sin bajar el ritmo, por sitios espeluznantes y al menos para mí increíbles de transitar: caminos angostos, niebla, derrumbes, barro, precipicios, lluvia, prolongadas paradas esperando a que limpiasen el camino y poder continuar y un paisaje realmente espectacular, han sido junto con un ambiente de camaradería, los ingredientes que han estado presentes en un día en el que la adrenalina no me ha bajado hasta que hemos llegado a Cajamarca y hemos parado para comer. Y pensándolo mejor, ni allí la situación ha sido normal para mí, puesto que he comido Cuy, un roedor que realmente me ha gustado mucho y que Doris me ha ofrecido como plato especial de la zona y que se ha extrañado cuando le he dicho que quería probarlo, porque a mucha gente el termino de "roedor", le quita las ganas de comer.

El corte de las carreteras se mantenía hoy por la mañana, por lo que a las 5 h hemos salido por una ruta de montaña con destino a Trujillo, vía Cajamarca. De las 19 horas sólo 2 horas habremos transitado por carretera asfaltada, y ésta era un enjambre de baches tan grandes como volcanes, recordándome a las carreteras de Costa Rica. De Chachapoyas nos hemos adentrado enseguida en la montaña y si ayer yo pensaba que había tenido mi dosis de aventura cuando fui a Kuélap, es porque todavía no había vivido el día de hoy. Carlos me ha dicho que una vez había hecho esta ruta hacía muchos años y que esperara que hubiese mejorado, cosa que ha reconocido después que no había sido así. Me he ofrecido a ayudarle a conducir cuando se cansase, pero es que todavía no conocía su habilidad al volante. Al principio me he asustado por la velocidad a la que iba en curvas cerradísimas, con niebla cada vez más densa conforme subíamos y tocando el claxon continuamente porque la anchura del camino sólo daba para un coche. Hemos tenido unos cuantos frenazos bruscos por encontrarnos de frente a la salida de las curvas con algunos ¡¡¡ piraos !!! como nosotros, que utilizaban la misma ruta, hasta que en un momento hemos patinado y yo he pensado que allí se acababa todo. Era en unos de los puntos más problemáticos del camino, con muchísimo barro y cortes a un lado realmente impresionantes, pero Carlos ha conseguido recuperar el control del coche en el último momento. La velocidad para mí era excesiva, pero he visto a Doris que tan tranquilamente le ha preguntado a su hijo si le había resbalado el pie, que he pensado que esto sería normal aquí. Tímidamente le he dicho a Doris que parecía que a su hijo le gustaba conducir, a lo que con una sonrisa, me ha respondido que desde niño Carlos había mostrado una gran pasión por los coches. ¡¡¡ joder, he pensado esa pasión me va a matar, si no es de accidente, sí de un ataque al corazón !!! y no exagero, yo creo que estoy algo acostumbrado a conducir en todo tipo de situaciones, pero no había llegado a estos extremos.

Ante esta situación me he hecho la siguiente pregunta a mí mismo: " ¿ te vas a bajar del coche y quedarte aquí tirado en plena montaña o vives la situación como algo realmente especial y piensas que vas de copiloto de Carlos Sainz ? ". He optado por lo último y realmente he disfrutado en cuanto me he dado cuenta que el piloto que yo llevaba coincidía en algo más que en el nombre, con el campeón de rallys. De todas formas, si alguien está interesado en tener una experiencia de este tipo, que me lo diga y le pondré en contacto con Carlos a través de su tío, que igual él también está interesado en repetir la experiencia cuando descanse de la paliza que se dio, porque al final reconoció estar ¡¡¡ un poco cansado !!! después de 19 horas de auténtica tensión y concentración.

A las 12 de la noche entrábamos en Trujillo y he quedado con Doris para continuar hasta Lima, si no consigo un billete de avión para el domingo, porque me gustaría aprovechar un día completo para visitar Trujillo. Amablemente se han ofrecido a llevarme de nuevo. Ellos se dirigen a la capital, así que es posible que volvamos a viajar juntos, cosa que no me importaría en absoluto. Viajando de esta forma es como te das cuenta de la gente tan estupenda que hay en el mundo y que fuera de nuestros círculos habituales, también puedes encontrar gente de mucho nivel, a pesar de las ideas preconcebidas y siempre erróneas que tenemos de países que considerados de menor desarrollo cultural.

 

 

Cuando bajé a desayunar al día siguiente me llevé una sorpresa al ver el titular de los periódicos, en el que se publicaba un accidente con 25 muertos y otros 22 heridos, consecuencia de la caída de un ómnibus por un precipicio de 100 metros de altura, en la sierra de montaña por la que había circulado yo y realmente no me extrañó demasiado lo ocurrido. Eso sí, el camarero mientras desayunaba me dijo que me iba a dar un consejo ¡¡¡ usted cuando se monte en un autobús póngase en la parte de atrás, porque aquí siempre caen de frente y ya sabe, los de delante se llevan la peor parte !!! y dicho esto se marchó tan tranquilamente.

Orografía de la ruta realizada.

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